El éxito inicial: El plan fue drásticamente efectivo para su objetivo principal: frenó en seco la hiperinflación que había devastado la economía. Esto trajo una estabilidad inédita, desató un boom de consumo de bienes importados y generó una sensación de prosperidad que le permitió a Menem ser reelecto en 1995.
: Sin embargo, el costo de esa estabilidad fue altísimo.
- Desindustrialización y desempleo: Con un dólar 'barato' y una apertura comercial total, la industria nacional no pudo competir. Cientos de fábricas cerraron y el desempleo se disparó de un 8% a un pico histórico de 18,4% en 1995.
- Déficit y endeudamiento masivo: Como el Estado no podía 'maquillar' sus cuentas con emisión, financió su déficit con privatizaciones y un endeudamiento externo feroz. La deuda pública pasó de 61.000 millones de dólares en 1991 a más de 140.000 millones en 2001.
- Pérdida de competitividad: Cuando los países vecinos, como Brasil, devaluaron sus monedas, Argentina se convirtió en un país carísimo en dólares, lo que liquidó a las exportaciones.
La combinación de estos factores llevó a la recesión desde 1998 y al colapso final en la crisis de 2001, con el 'corralito', la renuncia del presidente Fernando de la Rúa y una secuela de pobreza y conflictividad social que marcó a toda una generación.