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12/02/2026 - NACIONALES (CIENCIA Y TECNOLOGÍA) DEL SILENCIO AL RECONOCIMIENTO: MUJERES QUE TRANSFORMARON LA CIENCIACada 11 de febrero, el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia vuelve a instalar un debate que excede la estadística. Más allá de la participación de mujeres en cargos jerárquicos, la discusión se expande hacia un plano más profundo como la estructura misma del sistema científico y los supuestos que orientan la producción del saber. Desde esa perspectiva, especialistas señalan que las brechas de género no solo condicionan trayectorias individuales, sino también las preguntas que se formulan a la hora de investigar, los problemas que se priorizan y las experiencias que quedan fuera del campo de investigación. ...LEER MÁS .... Casos recientes exponen con claridad estas cuestiones. “Tras la vacunación contra el COVID-19, muchas personas menstruantes reportaron cambios en su ciclo, un fenómeno sobre el cual la ciencia no tenía respuestas claras debido a la falta de investigaciones previas que contemplaran esta variable”, detalló la coordinadora del Centro de Investigación en Ciencias Sociales y Salud de la Universidad Hospital Italiano, Vilda Discacciati. La exclusión de mujeres y la falta de perspectiva de género en la investigación generan consecuencias concretas que atraviesan distintas áreas. Enfermedades que afectan mayoritariamente a mujeres reciben menor atención científica y, a su vez, cuestiones como la anticoncepción recaen casi exclusivamente sobre cuerpos gestantes. Las tareas de cuidado, llevadas adelante mayoritariamente por mujeres, ocupan un lugar marginal en las políticas sanitarias. Discacciati, quien además se desempeñó como Médica Especialista en Medicina Familiar en el Hospital Italiano, sostuvo que “aumentar la participación de mujeres en la ciencia es necesario, pero insuficiente si no se revisan los enfoques de investigación”. “La perspectiva de género no depende del sexo de quien investiga, sino de la capacidad de cuestionar supuestos y ampliar variables. El sesgo es estructural y puede reproducirse incluso en equipos diversos”, agregó. La coordinadora también se refirió a los modelos de éxito que el sistema promovió históricamente. No resulta casual que las ciencias sociales y las humanidades centrales para analizar impactos, contextos y dimensiones éticas fueran consideradas secundarias frente a áreas asociadas a la productividad económica. Esa jerarquización condicionó recursos, financiamiento y reconocimiento simbólico. A las brechas disciplinares se suma la desigualdad salarial. En áreas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemática), las mujeres perciben ingresos menores que sus pares varones y enfrentan menor visibilidad y reconocimiento, fenómeno conocido como “efecto Matilda”, cuyo término fue acuñado en 1993 por la historiadora de la ciencia Margaret W. Rossiter, en homenaje a Matilda Joslyn Gage, una activista del siglo XIX que ya denunciaba cómo los descubrimientos hechos por mujeres eran ignorados o apropiados por hombres. Estas dinámicas no solo afectaron trayectorias individuales, sino que también delimitaron qué investigaciones pudieron sostenerse en el tiempo y quiénes accedieron a posiciones de liderazgo. Frente a este panorama, especialistas destacaron el rol de las instituciones científicas, las universidades y el Estado en la implementación de políticas activas de equidad, financiamiento y participación en espacios de decisión. En la Universidad Hospital Italiano se trabajó en iniciativas vinculadas a género tanto en el área de investigación como desde Extensión Universitaria y el Observatorio Social Universitario. En ese sentido, promover la participación de niñas y jóvenes en la ciencia implicó habilitar preguntas, legitimar la curiosidad y generar entornos colaborativos que no reprodujeran lógicas excluyentes. La discusión dejó en claro que no se trata únicamente de sumar nombres a las estadísticas, sino de transformar las condiciones estructurales que definen qué saberes se valoraron y cuáles quedan al margen. Científicas que desafiaron el silencioLa historia de la ciencia también está atravesada por nombres que quedaron en segundo plano. Trayectorias que sostuvieron descubrimientos clave, pero que no siempre recibieron el reconocimiento correspondiente. El llamado “efecto Matilda”, fue la tendencia a minimizar o atribuir a varones los aportes realizados por mujeres en distintas disciplinas y épocas. Uno de los casos más emblemáticos es el de la astrofísica británica Jocelyn Bell Burnell que identificó por primera vez señales regulares provenientes del espacio que luego serían reconocidas como púlsares, estrellas de neutrones de altísima precisión. Sin embargo, el Premio Nobel de Física fue otorgado a su director de tesis y a otro colega. Con el tiempo, Bell reflexionó públicamente sobre la exclusión y cuestionó la idea de que los grandes hallazgos sean obra de una única mente brillante, cuando en realidad son el resultado de trabajos colectivos. La etóloga Jane Goodall también enfrentó resistencias, aunque en otro terreno. A comienzos de los años sesenta se convirtió en la primera mujer en estudiar chimpancés en libertad en Tanzania. Su mirada, atravesada por la observación paciente y la empatía, revolucionó la primatología. Pero, para poder instalarse en el país africano debió estar acompañada por su madre, ya que las autoridades no permitían que una mujer joven viviera sola en el lugar. Detrás de su carrera científica hubo una red de cuidados que rara vez aparece en los relatos sobre grandes descubrimientos. En América Latina, la bióloga argentina Sandra Díaz se transformó en una referente mundial en estudios sobre biodiversidad y cambio climático. Sus investigaciones aportaron herramientas para medir el valor de los ecosistemas y su impacto en el bienestar humano. Integrante del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), fue parte del equipo que recibió el Premio Nobel de la Paz en 2007. Desde distintos espacios, insiste en la necesidad de que la evidencia científica oriente las políticas públicas y advierte sobre los intereses económicos que niegan la crisis ambiental. Otra figura central en la salud pública es la epidemióloga colombiana Nubia Muñoz. Sus investigaciones fueron decisivas para establecer el vínculo entre el virus del papiloma humano y el cáncer de cuello uterino. Ese trabajo permitió desarrollar vacunas y estrategias de prevención que hoy salvan miles de vidas, especialmente en países con menos recursos. Aun así, su nombre rara vez ocupa el lugar que merece en la conversación pública sobre avances médicos. En el campo de la genética, Nisreen El-Hashemite desafió no solo las barreras de género, sino también las expectativas impuestas por su entorno. Desarrolló una técnica para diagnosticar trastornos genéticos a partir de una sola célula y promovió iniciativas globales para ampliar el acceso de niñas y mujeres a la educación científica. Además, impulsó redes internacionales de colaboración femenina en ciencia y participó activamente en la consolidación del 11 de febrero como fecha de reconocimiento mundial. La física Julia Tagüeña Parga, por su parte, puso el foco en un aspecto muchas veces subestimado en la divulgación científica. Especialista en energías renovables y estado sólido, defendió la importancia de comunicar la ciencia de manera rigurosa y accesible. En México promovió premios y programas para jerarquizar esa tarea, entendiendo que el conocimiento solo cobra sentido pleno cuando circula socialmente. En los últimos años, el reconocimiento a Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna por el desarrollo de la herramienta de edición genética CRISPR-Cas9 marcó un hito. Su trabajo abrió nuevas posibilidades en biomedicina y agricultura, y su Premio Nobel de Química representó un avance en la visibilidad femenina dentro de los grandes galardones científicos. Sin embargo, las estadísticas siguen mostrando que las mujeres continúan siendo una minoría entre quienes reciben estas distinciones. Detrás de cada uno de estos nombres no solo hay logros individuales, sino también una trama de desigualdades persistentes. Reconocer esas trayectorias no implica construir relatos heroicos aislados, sino entender que la historia de la ciencia se escribió, durante mucho tiempo, dejando voces afuera. |
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