Estamos frente a un gobierno de aprietes, discriminación y hostigamiento, que demoniza toda forma de organización que atente contra la acumulación de las fuerzas económicas concentradas. Es mucho el daño realizado para el corto tiempo en el que se gobierna: día a día, nuestro salario, nuestra estabilidad laboral y nuestras estrategias de supervivencia, van perdiendo fuerzas. La anulación del rol del Estado, en el marco de un ajuste brutal, deja a la comunidad indefensa. No se piensa cómo contener socialmente a la población frente a una política económica brutal que nos pide (como mínimo) 15 años de paciencia y miseria para empezar a ver resultados positivos.
Además, con el DNU y las Leyes Ómnibus, se da por terminada la relación del pueblo con el Estado argentino. Se busca anular las funciones del Parlamento, pero también las de las organizaciones sociales, gremiales y políticas; se atenta contra derechos básicos consagrados en nuestra Constitución, y se crea un Protocolo que pretende eliminar toda posibilidad de pensar distinto y de organizarse libremente en el marco de la democracia. En definitiva, lo que se busca es enterrar cualquier posibilidad de pensar en un esquema que libere nuestra patria. A modo de ejemplo: tres personas juntas, en un ámbito público, manifestando su posición, estarían cometiendo un delito. Esto es sólo una muestra de la situación de pérdida de derechos a la que el pueblo debe enfrentarse. Esta semana en el Congreso anunciaron que retiran ese artículo, pero no deja de expresar el espíritu.
Por otro lado, en pocas semanas veremos a los jardines maternales, las escuelas primarias y las secundarias públicas en situación de colapso, dado que no habrá capacidad de asimilar los pedidos de vacantes de los nuevos ciudadanos que serán «arrojados» a la educación pública (que muchos elegimos siempre). Por su parte, miles y miles de estudiantes de instituciones privadas tampoco podrán pagar sus matrículas ni sus cuotas, y se verán en la urgencia de acudir a nuestras escuelas públicas. Misma suerte correrán quienes tienen prepaga u obra social (muchos ya no pueden pagar o se quedaron sin trabajo, por lo que deben acudir a nuestro querido sistema público de salud, ya saturado y en vías de desborde institucional frente a la alta demanda que se avecina).
Sabemos que cuando hablan de libertad, se refieren a la de los grandes oligopolios para fijar precios sin ningún tipo de control; a la de los empleadores para arrasar con los derechos laborales; o a la de las fuerzas para reprimir al pueblo. Sabemos que la lucha va a ser larga y que no va a ser fácil. No es la primera vez que la derecha neoliberal pretende llevarse puestos nuestros salarios y nuestros derechos. Pero tampoco será la primera vez que demos las peleas necesarias para volver a tener un país donde entremos todos. En este sentido, la organización, la solidaridad y la unidad son fundamentales para enfrentar los desafíos que se presenten.