A bordo, transportaba una carga legal de pellets de girasol. Pero el verdadero cargamento estaba mucho más oculto.
Fue durante la revisión de rutina cuando Cuero, el perro entrenado por la Aduana, se detuvo frente a una heladera que contenía víveres del personal a bordo. Su comportamiento no dejó lugar a dudas: había droga. Dentro del electrodoméstico, camuflados entre alimentos, se hallaron bolsos con paquetes rectangulares que, al ser sometidos a un narcotest, dieron positivo para cocaína.
Pero lo más llamativo del hallazgo fue el diseño de los paquetes. Todos llevaban impresas coronas en bajorrelieve, un posible “sello” del cartel que habría orquestado la maniobra. Este tipo de marcas, cada vez más comunes, funcionan como identificadores del proveedor o la organización detrás del envío, casi como un logotipo criminal.
El valor estimado de la droga incautada asciende a USD 6 millones, y las autoridades realizaronn controles exhaustivos en todo el buque para descartar que no haya más compartimentos ocultos con estupefacientes.
Este operativo no solo vuelve a poner en foco las rutas internacionales del narcotráfico, sino que deja una curiosa postal: 400 kilos de cocaína escondidos dentro de una heladera, entre la comida, y descubiertos gracias al olfato de Cuero, el perro que se robó la escena.