Giubu compartía aquella jornada de pesca con Carlos y Claudio Kovach, Sebastián Romegialli y Diego Boscardin. Los cinco habían zarpado desde el Camping Hudson, en Berazategui, con la ilusión de una jornada de pejerrey, pero nunca volvieron a casa. El último contacto con sus familias fue durante la mañana de ese día, y desde entonces se desplegó un operativo de búsqueda que creció en intensidad con el correr de las semanas.
El hallazgo del cuerpo se produjo en un campo denominado La Vasquita, ubicado a unos dos kilómetros de la localidad de Atalaya, en el partido de Bartolomé Bavio. Fue un grupo de pescadores de la zona quien alertó sobre la presencia de un resto flotando en aguas del Río de la Plata, entre la costa y el balneario de Atalaya. A partir de ese aviso, se reactivó el Puesto de Comando de Incidentes instalado en la zona, y Bomberos Voluntarios de Magdalena y de otras localidades cercanas acudieron al lugar para recuperar el cuerpo, dando inmediata intervención a la Justicia para las pericias de rigor.
El operativo de rastreo, que se extendió por semanas, involucró a Bomberos Voluntarios de Magdalena, Verónica y Bavio, personal de la Federación Bonaerense de Bomberos, Defensa Civil, Guardaparques y efectivos de Riesgos Especiales de la Policía Bonaerense. Los esfuerzos se concentraron tanto en tierra como en el agua, en una búsqueda que conmovió a toda la región.
Si bien la embarcación contaba con los elementos de seguridad reglamentarios, carecía de radiobaliza y sistema de posicionamiento satelital, dispositivos que podrían haber sido determinantes para localizarla en caso de emergencia. Los investigadores manejan diversas hipótesis, aunque la principal apunta a que las fuertes corrientes y las adversas condiciones climáticas desviaron la lancha de su rumbo previsto, desencadenando la tragedia. Con el hallazgo de Giubu, se completa el doloroso epílogo de una historia que deja una profunda huella en la comunidad pescadora y ribereña
