Los números son contundentes: el 86% de los hogares bonaerenses está en situación de estrés económico mensual. De ese total, la mitad (47%) no llega a fin de mes sin endeudarse, mientras que otro 39% llega con dificultad, ajustando gastos no esenciales. Solo el 2% de las familias puede llegar cómoda y ahorrar.
Uno de los datos más alarmantes del informe indica que “las deudas están comiéndose los alimentos”. El 43% de las familias aseguró que sus deudas les impiden comprar todos los alimentos necesarios. En términos más crudos: 4 de cada 10 familias comen menos para poder pagar lo que deben.

El estudio también relevó las estrategias que utilizan los hogares para garantizar la compra de alimentos. La mitad de las familias (50%) compra su comida con deuda o ayuda: el 16% recurre al fiado, el 14% usa tarjeta de crédito y un 20% recibe asistencia de comedores, merenderos o familiares. El otro 44% vive al día sin margen y compra exclusivamente con su sueldo o ingreso diario.
La inseguridad alimentaria alcanza al 80% de los hogares relevados, es decir, 8 de cada 10 familias. Pero el dato más grave es que el 77% de las familias reconoció haberse privado de consumir lácteos, carnes, verduras, frutas, cereales o legumbres por falta de dinero en el último mes.

Además, el 70% de los hogares redujo involuntariamente las porciones de sus comidas, y el 66% suprimió directamente alguna de las cuatro comidas diarias (desayuno, almuerzo, merienda o cena) porque no tenía suficiente dinero para obtener los alimentos necesarios.
El informe desmonta una creencia extendida: la inseguridad alimentaria dejó de ser un problema exclusivo de desocupados o trabajadores informales. Según el estudio, 6 de cada 10 hogares donde el principal sostén tiene trabajo formal y registrado padecen inseguridad alimentaria.
“El tener recibo de sueldo ya no es sinónimo de plato lleno”, concluye el documento.
Los números son aún más dramáticos en otros segmentos: el 81% de los hogares con trabajadores informales o con changas sufre inseguridad alimentaria, al igual que el 89% de los hogares con desocupados y el 78% de los hogares de jubilados.

Precisamente, la situación de los adultos mayores es uno de los puntos más críticos del relevamiento. Ocho de cada diez jubilados (78% de los hogares donde el principal sostén es un jubilado) manifestó que sus ingresos no les alcanzan para alimentarse correctamente. El informe es concluyente: “La jubilación no les alcanza para comer”.
El monitoreo se centró especialmente en los 1.087 hogares con niños, niñas y adolescentes de 0 a 18 años. En ese universo, el 79% de las familias afirmó que por falta de dinero sus hijos no pudieron tener una alimentación saludable, adecuada y variada en lo que va del año. En el 41% de esos casos, la situación ocurre “muy frecuentemente”.
Para los adultos, el déficit es aún mayor: en el 44% de los hogares, “muy frecuentemente” los adultos no pudieron acceder a una alimentación saludable.
El informe, que lleva la firma del partido Libres del Sur y el Instituto de Investigación ISEPCI, sostiene que “mientras el gobierno de Javier Milei continúa profundizando el ajuste y castigando a las mayorías populares, la pérdida del poder adquisitivo de los ingresos de las familias se ha transformado en un problema nacional”. “Nuestros platos están cada vez más vacíos y sin nutrientes esenciales imprescindibles para que niños, niñas y adolescentes crezcan saludables y con oportunidades”, agrega el documento.
La organización advierte que el objetivo del monitoreo es “visibilizar las consecuencias del ajuste de Milei y las situaciones de vulneración de derechos que afectan a los hogares y sus niñeces”.El informe deja una pregunta flotando: ¿hasta cuándo podrán resistir las familias un ajuste que ya les quitó la carne, la leche y hasta las comidas del día?
