El plan se enmarca en la estrategia de gestión de la demanda, complementada con incentivos para grandes usuarios, y busca equilibrar el consumo sin necesidad de ampliar drásticamente la infraestructura en un solo año.
El sistema eléctrico del país enfrenta un problema estructural: la capacidad de generación y de transporte no alcanza para cubrir los picos de consumo en las áreas más pobladas, especialmente durante las olas de calor.
Para la temporada estival se espera que la demanda máxima supere los 30.700 megawatts, de los cuales un tercio corresponde únicamente al uso de aires acondicionados en horas pico, principalmente en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y en el Litoral. La Secretaría estima que, sin medidas adicionales, estas zonas podrían experimentar problemas en la red eléctrica que dificulten el suministro estable y aumenten el riesgo de cortes masivos.
El mecanismo que se implementará va a permitir que las empresas con equipos electrógenos participen como “oferentes de potencia” en un sistema de subasta. Los participantes licitarán el precio al que están dispuestos a inyectar energía al sistema, recibirán un cargo fijo como seguro y serán remunerados por la energía efectivamente entregada. La medida busca incentivar la colaboración de grandes usuarios y, al mismo tiempo, atraer inversiones privadas en generación y transporte, reforzando la estrategia de gestión de la demanda para los meses de mayor conflictividad del sistema.
Para la temporada estival se espera que la demanda máxima supere los 30.700 megawatts: un tercio corresponde únicamente al uso de aires acondicionados en horas pico
Aunque estas medidas son necesarias a corto plazo, especialistas señalan que no sustituyen soluciones estructurales. En diálogo con El Auditor.info, Emilio Apud, ex secretario de Energía de la Nación, advierte que incentivar a los grandes consumidores a reducir su consumo en los picos es solo un parche.
“Pagar a los grandes usuarios para que dejen de usar energía en los momentos de pico es una medida de emergencia que no es muy racional', indica Apud. Aun así, reconoce que estas acciones pueden aliviar temporalmente la presión sobre el sistema mientras se implementan soluciones más profundas.
También destaca la importancia de los cambios culturales en el uso de la energía: “Ahora está entrando la idea de la racionalidad en el consumo como ocurre en el 80% de los países del mundo; nosotros éramos una excepción. Uno viaja a cualquier lado y, tenga el poder adquisitivo que tenga, se cuida muchísimo la energía'. La medida, dice, no solo depende de incentivos económicos, sino de que la sociedad integre hábitos de consumo más responsables, un elemento que puede reforzar cualquier plan de contingencia.
El mecanismo que se implementará va a permitir que las empresas con equipos electrógenos participen como “oferentes de potencia” en un sistema de subasta
Apud subraya la necesidad de un enfoque estratégico y estable: “El Estado debería desempeñarse como un promotor, un catalizador de las actividades inherentes a la energía, y privarse de utilizar al sector como variable de ajuste. Esto debería convertirse en una política de largo plazo, de manera que su continuidad no dependa del próximo gobierno'.
Además, remarca la necesidad de la concientización ciudadana: “Hoy ya hay oídos más receptivos, precisamente por indicaciones del bolsillo, porque no es lo mismo lo que se paga ahora que lo que se pagaba en 2023”. La combinación de incentivos, educación y hábitos culturales refuerza la efectividad de cualquier política de gestión de la demanda.
Por otro lado, el economista especializado en energía Julián Rojo aclara que el problema principal no son los cortes diarios, sino los episodios de alta demanda en zonas específicas: “Hay que diferenciar entre cortes recurrentes y de mucha duración, y cortes específicos en momentos puntuales y en zonas determinadas. La mayor debilidad del sistema eléctrico argentino desde hace ya un par de años es el sistema de transporte de alta y extra alta tensión'.
Rojo añade que las instalaciones tienen muchos años, y eso agrava la situación: “La antigüedad del parque generador y la falta de mantenimiento generan indisponibilidad justo en los momentos críticos, limitando entre un 10% y un 12% de la capacidad total durante el verano'. La combinación de líneas de transmisión insuficientes y generadores poco confiables explica por qué incluso con capacidad nominal disponible, el sistema puede colapsar en los días de mayor demanda.
Respecto a la gestión de la demanda y los incentivos a grandes usuarios, Rojo sostiene que “el rol del Estado en estas políticas debe ser complementario, incentivando la participación de grandes consumidores, aunque el problema de fondo requiere soluciones de infraestructura y regulación más profundas'. La medida temporal, apunta, no sustituye la inversión en transporte y generación, sino que debe coexistir con ella.
Finalmente, sobre las prioridades estructurales, el economista señala la necesidad de ampliar y mantener las líneas de alta y extra alta tensión, asegurar una remuneración adecuada para sostener y expandir la generación, y mejorar la distribución urbana, especialmente en el AMBA. En ese marco, afirma: “El rol del Estado debe ser de promotor y regulador, mientras que la gestión de la demanda funciona como complemento”.
Ese tipo de medidas, aunque útiles, no sustituyen la modernización de los sistemas. Rojo explica que “no resuelven el problema de fondo ni los temas estructurales de falta de infraestructura, pero ayudan y complementan otras acciones”.


