Por medio de la resolución 381/2025 y del decreto 918/2025 de ANSES, se establecieron los nuevos valores de los haberes previsionales correspondientes al mes de noviembre, que serán liquidados en enero.
La jubilación mínima de noviembre, que contempla la inflación del 2,5% informada por el INDEC a través del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de noviembre, quedó ubicada en $349.299 y asciende a $419.299 con el pago del bono de $70.000, cuyo monto está congelado desde marzo de 2024.
Solo la combinación de la jubilación mínima más el bono ubica a los jubilados apenas por encima de la línea de pobreza: en noviembre, la Canasta Básica Total (CBT) publicada por INDEC fue de $406.903. En lo que va del año, el IPC acumulado es de 27,9% y el interanual es de 31,4%.
Si un jubilado tuviera como único consumo una CBT, solo le sobrarían $12.396 al recibir el bono. Este nivel de ingreso coloca a más de la mitad de los beneficiarios de ANSES cerca de la línea de pobreza. El Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) cuenta en la actualidad con aproximadamente 10,9 millones de trabajadores aportantes (activos) y otorga 6,8 millones de beneficios. De esta población, alrededor del 50% de los beneficiarios percibe una jubilación mínima.
La única forma de que la jubilación mínima no quede por debajo de la línea de pobreza es con el pago del bono. De todas formas, aunque el plus coloca a la mínima por encima de la línea de pobreza, la CBT publicada por el INDEC no contempla ni refleja la totalidad de gastos ni el consumo de bienes y servicios de una persona adulta mayor en Argentina.
Si se compara la jubilación mínima con la canasta de la Defensoría de la Tercera Edad de la Ciudad de Buenos Aires, que refleja de manera más cercana los patrones de consumo de los adultos mayores, se comprueba una caída pronunciada del poder de compra de los haberes.
La canasta básica de jubilados elaborada por la Defensoría trepó a $1.200.523 en abril de 2025. Si se actualizara este indicador por la inflación de abril (2,78%), mayo (1,5%), junio (1,6%), julio (1,9%), agosto (1,9%), septiembre (2,2%), octubre (2,3%) y noviembre (2,5%), la canasta ascendería a $1.415.915. Esto muestra que actualmente se requieren cuatro jubilaciones mínimas para cubrir los gastos de una canasta básica de adulto mayor.
La línea de pobreza
La actual fórmula de movilidad previsional, establecida por el Decreto 274/2024, ajusta los haberes jubilatorios únicamente en función de la inflación pasada, replicando el mismo mecanismo de actualización que utilizan las canastas del INDEC. Al quedar indexados por un factor idéntico, la relación entre la jubilación mínima y la CBT para un adulto mayor quedará equiparada. Así se produce un acercamiento y estabilización de la línea de pobreza con el pago mínimo que reciben los jubilados.
La forma en que se calcula la movilidad previsional impide mejoras reales en el poder adquisitivo de los jubilados. De seguir aplicándose, los adultos mayores que perciben la mínima vivirán ajustados al límite de la línea de pobreza, sin margen para afrontar otros gastos ni mejorar su calidad de vida.
Históricamente, antes de la implementación de un nuevo mecanismo de movilidad (como el que se dio en abril de 2024) se da un proceso de licuación del ingreso previsional vía inflación. Esa situación se suma al deterioro producido por la escalada inflacionaria de los últimos años. Frente a esto, las jubilaciones mínimas siempre quedaron rezagadas. Otro habría sido el escenario si la indexación de las jubilaciones hubiese acompañado el ritmo de la inflación.
Si los haberes mínimos hubiesen estado indexados por inflación desde 2016, hoy su valor rondaría los $736.389, siendo un 125% más altos. En los últimos nueve años, los ingresos mínimos de los jubilados perdieron casi una jubilación entera respecto de la suba general de precios de la economía. Y si bien la indexación por IPC generaría una recomposición del 125%, el piso de haberes mínimos aún queda por debajo de la canasta de adultos mayores publicada por la Defensoría de la Tercera Edad de la CABA.
En definitiva, durante el proceso de deterioro de los haberes mínimos, que lleva prácticamente una década, se pasó de una situación en la que una jubilación mínima cubría casi dos Canastas Básicas Totales del INDEC, a un presente en el que apenas alcanza el valor de una sola canasta por persona. En este contexto cobra relevancia el debate público sobre los distintos mecanismos de actualización de los haberes que, si bien buscan sostener el nivel de vida de las personas mayores, no lograron revertir el deterioro de los últimos tres lustros.
Sin una discusión política seria e integral sobre cómo complementar el actual mecanismo de actualización con un proceso de recomposición integral de los ingresos de los adultos mayores en Argentina, la calidad de vida de millones de personas se mantendrá, como hasta el momento, apenas por encima de la línea de pobreza.
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