De acuerdo con el periódico, esa posición abre un margen político para reconocer que una derrota estratégica definitiva de China resulta poco probable. Trump, además, mantiene una visión más acotada de la competencia entre ambos países, centrada en el comercio y el tráfico de precursores de fentanilo, y considera que el diálogo directo entre líderes puede favorecer una relación más cooperativa.
El análisis sostiene que esa postura encuentra cierto respaldo en la opinión pública. Una encuesta del Pew Research Center reveló que la proporción de estadounidenses que considera a China un «enemigo» cayó del 42% en marzo de 2024 al 28% en enero de 2026.
La diferencia generacional aparece como uno de los factores más relevantes. Entre los menores de 50 años, tanto republicanos como demócratas muestran una percepción menos hostil hacia China que los ciudadanos de mayor edad. Asimismo, estudios de la Fundación Carnegie y del Instituto Searchlight indican que la mayoría de los jóvenes prioriza una mejora de las relaciones bilaterales y no considera que el ascenso de China represente necesariamente una amenaza para su bienestar.
En la misma línea, una encuesta de American Compass mostró que el 82% de los integrantes de la Generación Z considera que la relación económica entre ambos países ha sido positiva para Estados Unidos durante los últimos 25 años, mientras que el 68% se manifestó a favor de promover mayores inversiones chinas.
No obstante, el Financial Times advierte que, pese a esta mayor predisposición social hacia una distensión, las propias decisiones de Trump podrían dificultar ese objetivo. El medio sostiene que el desmantelamiento de áreas clave del gobierno y el desvío de la política exterior hacia otros conflictos, como la guerra con Irán, reducen la capacidad de Washington para desarrollar una estrategia coherente hacia Asia.
Finalmente, el artículo concluye que los futuros gobiernos estadounidenses no deberían asumir que sus aliados respaldarán automáticamente una política de confrontación con Pekín ni confiar en que la llamada «amenaza china» movilizará el apoyo de las nuevas generaciones, que parecen priorizar los problemas económicos internos por encima de la rivalidad entre las dos principales potencias mundiales.
