Según recuerda el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), para encontrar el antecedente más claro de este discurso hay que retroceder hasta 1959, cuando el ministro de Economía Álvaro Alsogaray, en plena presidencia de Frondizi, sentenció aquel célebre «hay que pasar el invierno».
No era una observación meteorológica, sino el anuncio de un ajuste inevitable que el Estado no amortiguaría. Era el invierno del Fondo Monetario, de los desembolsos condicionados y de la primera gran experiencia liberal en la Argentina moderna.
Hoy, Ravier parece resucitar ese mismo espíritu: el problema no es el precio del gas, sino la decisión individual de no prender la estufa. Un mensaje que, bajo una apariencia de sentido común, oculta la idea de que el mercado regula todo, incluso la temperatura del hogar.
Sin embargo, mientras el vocero invita a buscar otro abrigo, la realidad tarifaria golpea con dureza. Desde este miércoles, las facturas de Edenor y Edesur suben un 5% promedio para casi 2 millones de hogares, mientras que para pymes e industrias el incremento alcanza hasta el 13,5%.
Invierno a la carta
La paradoja es que el propio gobierno modifica las bonificaciones para que los hogares subsidiados paguen menos, pero deja al 40% de los usuarios residenciales expuestos al precio estacional. No es un «pasar el invierno» igualitario, es un invierno a la carta: el que puede pagar, paga; el que no, que se abrigue.
65 años después: el ajuste continúa
La discusión, 65 años después de Alsogaray, sigue siendo la misma: el ajuste lo pagan los mismos, mientras desde el poder se repiten frases hechas como mantras. La retórica del «abríguense» no es más que un intento de disfrazar la ausencia de un plan energético con un consejo de abuelo.
