La moderación de los precios se dio en un contexto de caída del poder adquisitivo, salarios que corren por detrás de la inflación acumulada y una demanda interna que permanece contenida, lo que plantea interrogantes sobre la capacidad del modelo para transformar la estabilidad nominal en recuperación económica.
Así, mientras el Gobierno exhibe la inflación más baja en ocho años como una señal de éxito y punto de inflexión, el desafío para 2026 aparece ligado a otro frente clave: que la desaceleración de los precios logre reflejarse en el bolsillo y reactive un consumo que, por ahora, sigue sin repuntar.