Según el último Informe sobre Bancos del Banco Central, en noviembre de 2025 la morosidad de los préstamos a los hogares ascendió al 8,8%, el nivel más alto desde que existen registros.
En contraste, el indicador correspondiente a las empresas se ubicó en apenas 2,3%, lo que confirma que el problema no está vinculado a la actividad productiva, sino que se concentra de manera específica en el segmento familiar.
En términos agregados, la irregularidad del crédito al sector privado alcanzó el 5,2%, con un aumento significativo respecto de los meses previos.
El propio BCRA señala que el incremento de la mora de los hogares estuvo explicado principalmente por el desempeño de las asistencias destinadas al consumo. No se trata de créditos hipotecarios ni de financiamiento de largo plazo, sino del endeudamiento más cotidiano: tarjetas y préstamos personales utilizados para cubrir gastos corrientes.
En este contexto, el crédito dejó de financiar decisiones excepcionales y pasó a cumplir la función de sostener el piso de subsistencia de las familias. A su vez, el Informe de Proveedores No Financieros de Crédito del BCRA, que releva en su mayoría a empresas fintech, muestra un fuerte crecimiento del endeudamiento fuera del sistema bancario.
En julio de 2025, la deuda promedio por cliente ascendió a $985.000, lo que implicó un aumento real del 6% respecto de enero del mismo año. En paralelo, la cantidad de deudores personas humanas alcanzó los 6,2 millones, con un incremento del 12% frente a comienzos de 2025. En línea con esta dinámica, los préstamos personales otorgados por estas entidades crecieron un 25% en el mismo período.
Estos datos resultan centrales para comprender fenómenos como la expansión del pluriempleo y el crecimiento de los trabajadores de plataformas. Quienes recurren a estos proveedores suelen ser personas que no pueden acceder al crédito bancario, que en general ofrece mejores condiciones de financiamiento.
No es un dato aislado: la tasa de sobreocupación se ubicó en 28,2% y, en el tercer trimestre de 2025, se registraron 3,6 millones de personas no registradas, configurando un mercado de trabajo cada vez más precario.
Todo esto ocurre en una economía que logró dejar atrás la fase más aguda de la crisis, pero sin recuperar dinamismo. Los ingresos reales de los trabajadores formales muestran apenas una mejora incipiente, mientras el consumo masivo continúa sin repuntar, condicionado por los factores previamente señalados.
En este escenario, el crédito deja de ser una herramienta transitoria para atravesar dificultades puntuales y pasa a ocupar un lugar cada vez más central y permanente en la vida cotidiana de los hogares.
A esta dinámica se suma un cambio en las condiciones de acceso al financiamiento. Según la Encuesta de Condiciones Crediticias del BCRA correspondiente al cuarto trimestre de 2025, las entidades financieras endurecieron las condiciones para las familias, en particular en los créditos prendarios y en la financiación con tarjetas de crédito, al mismo tiempo que percibieron un aumento en la demanda.
En este contexto, se redujeron los montos máximos otorgados en tarjetas, pese a registrarse un leve incremento de la demanda de crédito al consumo, mientras que la demanda de créditos hipotecarios continuó en retroceso.
En otras palabras, cada vez más hogares recurren al crédito para financiar gastos corrientes justo cuando el acceso se vuelve más restrictivo. La retracción del crédito destinado a la compra de vivienda completa el cuadro y funciona como una señal adicional del deterioro que atraviesa la clase media.
El resultado es un ajuste silencioso de las familias que no aparece en los grandes anuncios ni en los actos políticos, pero se manifiesta con claridad en la vida cotidiana. La deuda se convierte en un sustituto del ingreso y la morosidad en una señal de estrés social.
El sistema financiero, por ahora, se mantiene sólido y bien capitalizado. La pregunta es cuánto tiempo más puede sostenerse este esquema cuando, en cada comida, una parte creciente de las familias sabe que ese plato se paga recién el mes que viene.