Los últimos números del INDEC dejaron una sensación rara: la economía parece moverse, pero el trabajo no acompaña. En el cierre de 2025, el desempleo pegó un salto y pasó del 6,4% al 7,5%. Y ojo, no fue porque más gente salió a buscar trabajo, sino porque directamente hay menos puestos disponibles.
El dato más preocupante no es solo que subió el desempleo, sino cómo se está deteriorando el mercado laboral. Cada vez hay menos trabajadores en blanco y más gente rebuscándosela por su cuenta.
Lo que más crece es el cuentapropismo informal: personas que trabajan por su cuenta, pero sin estar registradas ni siquiera en el Monotributo. En criollo, más gente arreglándose sola y sin ningún tipo de cobertura.
El diagnóstico es claro pero no es justamente la premisa de este gobierno timbero: si se quiere que el empleo acompañe el crecimiento, que Milei haga acopio de lo que hace su par estadounidense:
Ejemplo; EEUU fija aranceles a las importaciones que se pagan en la aduana por los importadores.
Veamos, si una empresa estadounidense quiere importar madera por un valor de US$100 y el gobierno estadounidense ha impuesto un arancel del 10% al país de procedencia, tendrá que pagar US$110.
Durante décadas, los aranceles fueron el instrumento principal de la política económica proteccionista, aplicada no solo por EEUU sino también en diferentes países por gobiernos que buscaban proteger a la industria local de la competencia exterior. Por caso, el 5 de abril del año 2025 entró en vigor un arancel mínimo del 10% sobre casi todas las importaciones estadounidenses. Aquí como en épocas pasadas vamos camino al 'todo por 2 pesos' con toda la porquería que llega desde afuera.