La propiedad cuenta con 44 viviendas, un bar, una iglesia, una escuela, un antiguo cuartel de la Guardia Civil, una piscina, zonas deportivas y un hotel con capacidad para desarrollar 14 habitaciones. Además, la zona incluye un embalse donde podría operar una embarcación turística.
Beckwith tiene experiencia en el sector hotelero: fue dueño de un hostel en California. Junto a su esposa, Ana Cristina Machado, buscó una nueva inversión vinculada al turismo y encontró en Salto de Castro una oportunidad para desarrollar un complejo turístico rural.

El nuevo propietario lanzó una campaña para captar entre 5 y 7 millones de euros con el objetivo de restaurar las edificaciones y poner en marcha el proyecto. A través de redes sociales, difundió imágenes del pueblo y detalles del plan de recuperación.
El empresario aseguró que mantendrá la arquitectura original y que impulsará un modelo de turismo sostenible. El plan contempla la creación de empleo local y la puesta en valor del patrimonio histórico de la zona.
Iberduero, actual Iberdrola, construyó el pueblo en 1946 para alojar a los trabajadores que participaron en la construcción de una presa. La empresa respondió así al fuerte crecimiento de la demanda eléctrica en España durante esa etapa.
En 1989, las autoridades trasladaron a los últimos habitantes y a la Guardia Civil a otra localidad, lo que dejó a Salto de Castro completamente vacío.
A comienzos de los años 2000, una familia compró el pueblo con la intención de convertirlo en un complejo turístico. Sin embargo, la crisis financiera de 2008 frenó el proyecto y la aldea volvió a quedar abandonada hasta su reciente venta.