Con el consumo y la inversión cayendo, el ajuste fiscal no ayudó a contrarrestar la dinámica y el PBI anotó una baja de 2,6% en el primer trimestre del año.
En la comparación interanual, la baja del PBI fue de 5,1%, un número extraordinario. Desde la pandemia no se veía una contracción de semejante índole en la actividad económica. Observado desde la demanda agregada, suena lógico. El consumo es el factor que más participación tiene sobre el total del PBI y cayó un 6,7% interanual y 2,6% trimestral, de la mano de la baja del salario de 15,2% real entre diciembre y marzo, que se sumó a la pérdida de 150.000 puestos de trabajo en la comparación interanual.
La inversión es la otra clave, determinante para prever las capacidades productivas a futuro y la caída fue mucho más fuerte: al 12,6% desestacionalizado en el primer trimestre lo acompaña una contracción de 23,4% interanual. Se perdió casi un cuarto de lo que se invertía un año atrás. Para colmo, en el total la inversión perdió participación en el PBI, lo que llevó al consumo a ganar más lugar todavía en la torta.