El nombre puede resultar engañoso. Las tierras raras no son particularmente escasas en la naturaleza. El problema está en encontrarlas en concentraciones suficientemente altas como para que su extracción sea rentable y en que, una vez extraídas, requieren procesos complejos para obtener por separado los distintos elementos que necesita la industria. Esa combinación entre una presencia relativamente extendida y una oferta concentrada en pocos países las convirtió en un recurso estratégico.
Nicolás Viñas, geólogo y especialista en exploración de yacimientos, destaca a El Auditor.info la variedad de sectores que dependen de estos elementos: “Tienen numerosas aplicaciones en la fabricación de baterías, turbinas eólicas y la industria armamentista, entre otras”. Pero sus usos no son la única razón por la que adquirieron valor estratégico. También importa quién los produce y, sobre todo, quién controla las etapas posteriores de la cadena.
Viñas señala que “China es el país con mayores reservas del mundo y el mayor proveedor de tierras raras como metales, lo que hace que los demás países dependan de sus condiciones comerciales”. La posición china explica parte del interés de Estados Unidos, Europa y otros países por encontrar proveedores alternativos y desarrollar cadenas de abastecimiento menos dependientes de un solo actor.
“Tienen numerosas aplicaciones en la fabricación de baterías, turbinas eólicas y la industria armamentista, entre otras”, destaca el geólogo Nicolás Viñas
Ese escenario también explica el interés de Estados Unidos por ampliar sus fuentes de abastecimiento. El 4 de febrero, Argentina y Estados Unidos firmaron en Washington un acuerdo de cooperación sobre minerales críticos que incluye a las tierras raras y contempla financiamiento, mapeo geológico y medidas para facilitar los procesos de autorización.
El país tiene indicios y recursos identificados en distintas provincias y una estimación de potencial geológico de 3,3 millones de toneladas realizada por el Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR). Sin embargo, ese número no permite determinar cuánto material podría extraerse de manera rentable.
Para convertir ese potencial en un proyecto minero hacen falta perforaciones, análisis de concentraciones, estudios metalúrgicos, infraestructura, costos de extracción y procesamiento y una evaluación de su viabilidad económica. Por eso, la cifra de SEGEMAR no equivale a una reserva minera lista para ser explotada.
El geólogo Andrés Folguera, por su parte, advierte que Argentina todavía no se encuentra entre los países o regiones con mayores reservas probadas o inferidas. Sin embargo, las estimaciones de SEGEMAR indican que el país podría tener un potencial mayor al que reflejan sus recursos actualmente identificados: “Se considera que Argentina podría llegar a ser uno de los países con mayor potencial. Según cálculos de SEGEMAR, podría alcanzar un nivel de producción intermedia, como Rusia o Vietnam”. Para determinar hasta dónde llega ese potencial todavía falta exploración.
En el país hay una estimación de potencial geológico de 3,3 millones de toneladas realizada por el Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR)
De hecho, el mapa de las áreas consideradas interesantes para buscar tierras raras se amplió en los últimos años. El conocimiento geológico permitió identificar que estos elementos no aparecen únicamente en los ambientes que tradicionalmente se asociaban con ellos. Folguera explica que “antes se las restringía a determinado tipo de rocas y de determinada edad: rocas alcalinas, que tienen altas concentraciones de sodio y potasio, correspondientes al periodo Cretácico. Es decir, rocas de unos 100 millones de años con esas características químicas”.
Ese conocimiento cambió y permitió incorporar formaciones mucho más antiguas y también otras más recientes. El resultado fue la incorporación de áreas que no figuraban entre los principales objetivos de búsqueda. “Aparecieron zonas que no eran consideradas como los prospectos clásicos de tierras raras. Por ejemplo, San Luis, en el depósito de La Carolina, o la provincia de Buenos Aires”, agrega Folguera.
Que una zona sea considerada prospectiva, sin embargo, no significa que allí exista un depósito económicamente explotable. Argentina todavía tiene que avanzar en esa instancia. Viñas explica que los proyectos se encuentran en una fase inicial y que “en Argentina solo hay algunos proyectos en la etapa de exploración incipiente: el más estudiado es Rodeo de los Molles, en San Luis. Pero hay otras manifestaciones en Santiago del Estero, La Rioja, Salta y Jujuy”. Para el especialista, el desafío está en transformar esos indicios en proyectos concretos, porque “si bien el potencial del país es muy grande e interesante, falta exploración específica sobre estos elementos e inversiones en explotación”.
En ese contexto, Argentina también busca generar condiciones para atraer capital al sector. En mayo ingresó al Congreso un proyecto para incorporar las tierras raras al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y modificar su tratamiento dentro del Código de Minería. La propuesta apunta a extender a estos proyectos los beneficios previstos para otras grandes inversiones mineras.
Folguera, sin embargo, vincula las dificultades del sector con un problema más amplio. “En Argentina todavía no hay una cultura minera estable. Ni para el cobre, el molibdeno o el oro, que son los minerales clásicos de la minería. Mucho menos para las tierras raras, que son un insumo mucho más reciente”, plantea. Según el geólogo, el protagonismo de estos elementos aumentó cuando determinadas tecnologías comenzaron a demandarlos de manera significativa y cuando la competencia entre Estados Unidos y China los convirtió en un recurso estratégico.
“En Argentina todavía no hay una cultura minera estable. Ni para el cobre, el molibdeno o el oro, que son los minerales clásicos de la minería. Mucho menos para las tierras raras, que son un insumo mucho más reciente", apunta el geólogo Andrés Folguera
Incluso si Argentina avanzara en la exploración, todavía quedaría por determinar si los depósitos que eventualmente se encuentren podrían explotarse de manera competitiva. La respuesta dependerá de las concentraciones, la tecnología disponible, los costos de extracción y procesamiento, la infraestructura y el precio internacional. Un depósito puede contener una cantidad importante de estos elementos y, aun así, no resultar rentable si los costos para recuperarlos son demasiado altos.
También habrá que tener en cuenta lo que ocurra con la oferta mundial. La aparición de nuevos proyectos y los cambios en la demanda pueden modificar las condiciones en las que se desarrollan este tipo de emprendimientos. Folguera advierte que “son proyectos muy sensibles a los cambios de las modas en función de la oferta a nivel global y, además, a las modificaciones tecnológicas que puedan existir. Si hay alteraciones en la tecnología, de golpe los insumos serán otros y las tierras raras pasarán a mejor vida. Además, hay que tener en cuenta que, aunque eso no pase, las ventanas temporales son siempre limitadas”.
La eventual oportunidad no estaría solamente en extraer el mineral. También dependería de qué haga Argentina con los ingresos y la actividad que genere una explotación. “Si el país usa estas oportunidades para desarrollar, por ejemplo, infraestructura y lograr que quede un beneficio a largo plazo en el país, es una oportunidad”, sostiene.
Un eventual hallazgo también podría abrir una oportunidad para que Argentina se incorpore a una cadena de abastecimiento que hoy está muy concentrada. Viñas considera que “si se confirmara algún depósito con suficiente volumen y leyes económicamente rentables, sería un avance, ya que tanto Estados Unidos como la Comunidad Europea necesitan un proveedor confiable fuera de China”. Pero la extracción no resolvería por sí sola el desafío industrial: “Sería un inicio, pero aún faltaría un largo camino referido a la concentración y separación individual de cada tierra”. A eso se suma otra dificultad vinculada con el procesamiento posterior, ya que “los procesos de conversión de los óxidos en metales son tecnologías con las que cuentan pocos países del mundo”.
