La irrupción del fascismo en el siglo XX tiene múltiples causales que lo impulsaron como la opción que podría reestablecer el orden y crear uno Nuevo a partir de sus propuestas de resoluciones rápidas y contundentes ante los graves problemas económicos y financieros (crisis de 1929 entre otras), la desmoralización de las sociedades, los gobiernos débiles incapaces de articular soluciones profundas, etc. que caracterizaban la situación reinante post primera guerra Mundial.
En la actualidad si bien la crisis económica no es tan potente como en ese tiempo, se observa un creciente caldo de cultivo que posibilita una opción autoritaria y extrema. Estas circunstancias se componen, entre otros factores, de una creciente desigualdad económica, desempleos crecientes, un rechazo generalizado hacia las elites políticas y económicas, el aumento de la desconfianza hacia las democracias no representativas y a los organismos supranacionales etc. y trazan un paralelismo evidente con las condiciones fundantes del fascismo histórico.
Observemos entonces las similitudes que presentan las condiciones que dieron origen a este movimiento en el siglo pasado con las actuales:
La gran similitud entre ambas experiencias políticas, es la supresión y “exterminio” de las oposiciones, la devaluación de las instituciones democráticas y la cooptación del Poder Judicial.
En el caso particular de Argentina, además de la continua provocación, el discurso se utiliza para ocultar los grandes problemas económicos de vastos sectores de la población, las acciones de entrega de las riquezas naturales, desmantelamiento de las entidades oficiales dedicadas a la investigación y desarrollo de nuevas tecnologías, destrucción sistemática y planificada de los organismos desde los cuales el Estado presta servicios indispensables a la sociedad, desregulaciones de todo cuyas funciones primordiales son las de proteger, conservar, regular servicios y prestaciones que hacen a la seguridad pública (caso transporte), etc. Conceptos como Soberanía, Nación y Patria quedan en el más absoluto desuso, siendo sustituidos por expresiones que buscan demostrar que los Estados-Nación son “inviables económica y socialmente” para una sociedad basada en los principios LIBERTARIOS.
Acallar las voces lúcidas, reprimir las reclamaciones populares, homogenizar el pensamiento y perseguir todo aquello que no coincida con los fundamentos gobernantes, son las características de los regímenes autoritarios y reaccionarios.
Ante esta realidad, solo queda la contumaz insistencia en la Memoria Histórica, la cual indica que los pueblos que no reaccionan en los tiempos adecuados, sufren los atropellos y pérdida de sus derechos humanos y sociales más elementales. El fascismo nunca es una opción viable ni mucho menos, representa la LIBERTAD.