Entonces, hay que aumentar la recaudación combatiendo la evasión, que es muy alta, y transformar el sistema tributario regresivo que tenemos, reduciendo el peso de los impuestos indirectos y aumentando el de los impuestos directos.
Si uno tiene superávit fiscal porque aumentó la producción y creció la actividad económica, eso habla de un círculo virtuoso. Distinto es cuando el superávit llega por una reducción brutal de la inversión social.
La variable fiscal no determina por sí sola la inflación, ni la actividad económica, ni el empleo, ni la pobreza. Hay que poner la cuestión fiscal dentro del marco de los objetivos y los mecanismos con los cuales se genera ese superávit o déficit.
Hoy el gobierno de Milei busca equilibrio fiscal recortando inversión pública y concentrando la carga impositiva sobre los trabajadores, mientras beneficia a los sectores concentrados de la economía.
También se puede llegar al equilibrio fiscal cobrando más a los que más tienen y aliviando a trabajadores y sectores populares. Eso permitiría fortalecer el mercado interno y generar empleo.
Incluso un período de déficit fiscal puede ser positivo si está vinculado a una etapa de reconstrucción industrial y crecimiento económico. Por eso, los parámetros fiscales no pueden evaluarse solamente mirando el número.
En principio, hay que reducir la carga tributaria sobre los sectores de menores ingresos, especialmente a través del IVA. Una medida concreta sería devolver el IVA en compras realizadas con tarjeta de débito o crédito vinculadas a trabajadores. Eso ya se hizo en gobiernos anteriores y dio buenos resultados.
Después hay que avanzar sobre impuestos directos. Por ejemplo, gravar más la renta financiera y las ganancias de capital, porque eso genera mayor equidad tributaria.
También habría que reemplazar la desaparición del impuesto a los bienes personales por impuestos sobre herencias, donaciones y transferencias patrimoniales.
Y hay un cuarto punto clave: fortalecer la capacidad del Estado para fiscalizar y controlar la evasión tributaria.
El objetivo principal tiene que ser reconstruir el mercado interno argentino, industrializar el país y volver a generar empleo. Para eso, hay que reducir impuestos sobre los trabajadores, especialmente IVA y ganancias.
También hay que renacionalizar la inversión pública para garantizar igualdad de infraestructura, salud y educación en todas las provincias.
Y, por último, hay que diferenciar entre empresas que invierten en producción y empleo y aquellas que actúan con fines especulativos.
La riqueza que se produce en Argentina tiene que servir para desarrollar fábricas, empresas y trabajo argentino, no para fomentar la fuga de capitales y en este contexto merece una mirada a fondo la apertura indiscriminada de importaciones. Si el actual gobierno es tan afin a los EEUU, bien puede hacer acopio de las políticas proteccionistas que tiene el país americano para con las empresas que producen en su país.