El reciente episodio en el que la embajada de Estados Unidos presionó a la Cooperativa Provincial de Servicios Públicos y Comunitarios de Neuquén Limitada (CALF), para que abandone la tecnología de Huawei, debe leerse como un síntoma del declive relativo de la potencia norteamericana y su creciente dificultad para competir con China en tecnología de punta, tanto en precio como en calidad.
Así lo sostiene el sociólogo Gabriel Merino, investigador del CONICET y del IRI-UNLP, en una entrevista donde desarma el caso y lo inscribe en una estrategia más amplia de Washington para «blindar su patio trasero» y asegurar el control del hemisferio occidental, tal como lo expresan bajo el «corolario Trump» de la doctrina Monroe.
Merino advierte que la presión no va dirigida únicamente a CALF, sino que tiene otros destinatarios tácitos, como el Grupo Clarín, que a través de Personal mantiene una fuerte articulación con Huawei para el desarrollo de sus servicios de telecomunicaciones. «Esta idea de sacar a China de América Latina tiene que ver con intentar romper los vínculos entre tecnológicas chinas y grupos locales, o entre grupos económicos chinos e inversores con actores de acá», explica el investigador, quien agrega que la estrategia abarca infraestructura crítica, aeropuertos, centrales nucleares y el Belgrano Cargas.
El analista sostiene que Estados Unidos fracasó en la guerra tecnológica contra China lanzada por Trump en 2018, que tenía a Huawei como destinatario central para frenar el desarrollo tecnológico chino.
«Eso no solo salió mal, sino que terminó potenciando enormemente el desarrollo de China, su tecnología y la posibilidad de ofrecer en América Latina una tecnología barata, competitiva y de mucha calidad», afirma Merino. Ante la imposibilidad de competir por la vía del mercado, Washington recurre a la presión política y diplomática, agregó el investigador.
Finalmente, Merino destaca que el control de las tecnologías de la información y la comunicación es central para Estados Unidos no solo en términos económicos sino estratégicos y de inteligencia, y que la nueva Estrategia de Seguridad Nacional no solo busca excluir a potencias externas como China, sino también desarrollos autónomos de la región, como el sistema de pagos PIX en Brasil. «No es meramente una cuestión de que no esté China; también es un problema para Estados Unidos cierta autonomía relativa, cierto margen de maniobra propio», concluye.
