Las autoridades cifraron en 146.000 la cantidad de manifestantes, mientras que los organizadores calcularon 250.000. Antes de la jornada, las previsiones oficiales ubicaban la concurrencia entre 130.000 y 170.000 personas en todo el país, con unos 60.000 participantes en París. Otro cálculo situó el total cerca de 150.000 asistentes y estimó que un tercio marchó en la capital.
La asistencia en Francia fue menor que en las movilizaciones de las semanas anteriores. El Ministerio del Interior había informado de 550.000 participantes el 17 de octubre, 410.000 el 24 y 320.000 el 31. La marcha sindical del jueves 5 de noviembre había reunido, según las autoridades, a 575.000 personas.
¿Cómo reaccionó el Gobierno?
El Gobierno desplegó 70.000 policías y gendarmes en todo el país para evitar que se repitieran los disturbios del 17 de octubre. El operativo incluyó vehículos blindados, cañones de agua, helicópteros y drones. Hasta las 11 de la mañana, la Policía había realizado 847 controles en estaciones ferroviarias de París y sus alrededores. Nuñez había advertido que el riesgo de incidentes seguía elevado.
La marcha sindical de París recorrió el centro entre las plazas de la República y de la Nación, con los manifestantes entonando «El pueblo unido jamás será vencido». Al final, la Policía usó gases lacrimógenos para dispersar a unos 200 alborotadores; en Burdeos también hubo choques con las fuerzas de seguridad. Los chalecos amarillos se movilizaron por separado hasta la plaza de la Concordia, pese a la prohibición policial; varias decenas acudieron y uno de sus líderes fue detenido. Benjamin Ball, miembro del comité de coordinación del movimiento, dijo: «Llamamos a la desobediencia masiva«. Además, se abrieron decenas de investigaciones internas por denuncias de presuntos abusos contra manifestantes, mientras las autoridades denunciaron ataques contra agentes.
El lunes, Sébastien Lecornu tenía previsto reunirse con sindicatos y representantes empresariales para tratar los salarios y el poder adquisitivo. Por la tarde, el primer ministro se encontraría con estudiantes de secundaria y universitarios; también estaba previsto un encuentro sobre la reforma de Parcoursup, cuestionada por movilizaciones estudiantiles iniciadas seis semanas antes. Lecornu aseguró que tenía en cuenta las demandas sindicales y las preocupaciones empresariales. Tras la reunión, las ocho principales organizaciones sindicales fijarían una posición conjunta; para el martes, estudiantes y docentes convocaron una nueva huelga para exigir más inversión en educación.
