Y no mucho más. Algunos popes sindicales como Cristian Jerónimo, uno de los triunviros junto a Jorge Sola y Octavio Arguello, mantiene interrumpidas las líneas con sus propias filas en Azopardo. ¿Una señal del estado de desorientación en que se encuentra la central después del revés que significó el visto bueno a la ley?


En la organización obrera tienen en claro que, asestada la derrota política en el Congreso, los próximos dos frentes serán el judicial y la calle.



 


 



Pero los sindicalistas tienen una razón para ser optimistas: en enero de 2024 la Justicia suspendió el capítulo laboral del famoso decreto 70/23, que contenía varios de los puntos que terminaron en la reforma sancionada en febrero, por lo que en la CGT entienden que si los jueces siguieran el mismo criterio en el resguardo de derechos, el resultado no debería variar demasiado.


Ejemplo: aquel decreto 70/23, que el presidente Javier Milei presentó en cadena nacional a poco de asumir el gobierno, ya incluía el “banco de horas”, que modifica las jornadas de los trabajadores según la demanda del empleador, y restringía también el derecho a huelga al obligar a cumplir funciones en un 75% para las actividades consideradas esenciales.


La Corte Suprema, adonde fue a parar el expediente después de que el Gobierno apelara el fallo adverso, no resolvió nunca el diferendo. Con la reforma sancionada por el Congreso, difícil que el máximo tribunal reabra esa causa.__IP__


Sin novedades en el otro frente


Mientras tanto, el nucleamiento de gremios opositores, con la UOM, Aceiteros, APLA y ATE a la cabeza, está por el momento desactivado. Plasmadas las dos movilizaciones en Rosario y Córdoba, además de la marcha al Congreso del viernes 27 de febrero cuando se sancionó la ley, el armado opositor parece haber quedado con las manos vacías.



 


 



ATE, por su parte, asistió el viernes último a la paritaria de los estatales y rechazó el aumento del 2,2 por ciento para febrero ofrecido para el Gobierno, una cifra que sí aceptó UPCN, uno de los gremios fuertes de la CGT.