La baja participación de los jóvenes en las últimas elecciones legislativas llevó a la Cámara Nacional Electoral (CNE) a analizar el vínculo de las nuevas generaciones con la política y a impulsar medidas para fortalecer la educación cívica. La preocupación central es clara: aunque cada vez más jóvenes están habilitados para votar, una parte importante no participa de los comicios ni se involucra en los espacios políticos tradicionales.
El punto de partida del análisis es la ampliación del derecho al voto juvenil. Desde 2012, con la sanción de la Ley 26.774, los argentinos pueden votar desde los 16 años. Sin embargo, para ejercer ese derecho deben realizar la actualización del DNI a partir de los 14 años, trámite necesario para ser incorporados al padrón electoral. Según la CNE, este requisito administrativo puede convertirse en un obstáculo para que algunos adolescentes lleguen habilitados al momento de una elección.
Los datos del informe "Voto Joven" muestran que la distancia entre los jóvenes y las urnas creció en los últimos años. Entre 2017 y 2025 se registró una disminución sostenida de la participación electoral de quienes tienen entre 18 y 30 años. En las elecciones generales de 2025, el ausentismo en ese grupo alcanzó el 35,2%, reflejando una tendencia de menor involucramiento con el proceso electoral.
Aunque las cifras muestran una caída en la participación, el politólogo Pablo Salinas señaló que el fenómeno debe leerse en un contexto más amplio. "La luz de alerta que varios analistas venimos advirtiendo es en relación con un elevado incremento de ciudadanos que no están concurriendo a votar", afirmó a El Auditor.info.
Además, señaló que existen diferencias territoriales que todavía requieren mayor investigación: "También vemos una diferencia muy marcada entre el norte del país, donde concurren más en comparación con el centro y el sur. Sería interesante indagar cualitativamente por qué los jóvenes del norte del país votan más que sus congéneres del resto".
El informe también analizó la relación de los jóvenes con los partidos políticos. Apenas el 0,01 % de los electores de 16 y 17 años está afiliado a una fuerza política. Solo uno de cada 14 afiliados a los distintos partidos tiene entre 18 y 30 años, aunque representan cerca de una cuarta parte del padrón. Para la CNE, estos datos muestran una escasa participación juvenil dentro de las estructuras partidarias.
"Hay una diferencia muy marcada entre el norte del país, donde concurren más en comparación con el centro y el sur", destacó el politólogo Pablo Salinas
Según Salinas, este indicador es uno de los más preocupantes del informe porque "refleja con mayor precisión la incapacidad de los partidos políticos de convocar a las jóvenes generaciones a la cultura democrática partidaria". Frente a ese escenario, sostuvo que "los dirigentes deberían actuar en consecuencia aggiornando las temáticas de convocatoria a las nuevas demandas, abriendo las puertas de las instancias de capacitación y de formación de cuadros".
Ante este escenario, la Cámara Nacional Electoral planteó la necesidad de generar nuevas herramientas para acercar a los jóvenes a la democracia. Entre las propuestas se destacan la creación de espacios de diálogo, la difusión de información electoral confiable, actividades orientadas a estudiantes y acciones destinadas a promover una mayor participación ciudadana.
La preocupación institucional quedó plasmada en la Acordada CNE Nº 108/2026, firmada el 25 de junio de 2026 por los jueces del tribunal electoral. El documento sostiene que la participación en las elecciones es un pilar del sistema democrático y advierte que, en los comicios legislativos de 2025, votó menos del 70% del padrón, el nivel más bajo desde el retorno de la democracia en 1983.
La Justicia Electoral distinguió, además, dos situaciones. Para los mayores de 18 años el voto es obligatorio y pueden recibir una sanción económica si no concurren a votar sin una justificación válida. En cambio, los jóvenes de 16 y 17 años pueden asistir de manera optativa y no reciben sanciones si deciden no hacerlo. Para la CNE, este grupo resulta estratégico porque representa el primer acercamiento de muchos ciudadanos al ejercicio del voto.
Entre las causas de la baja participación, la acordada menciona la insuficiente educación cívica en las escuelas secundarias, la percepción de que el voto individual tiene poco impacto y la creciente influencia de la desinformación en las redes sociales.
Por ese motivo, el tribunal propuso una serie de medidas, entre las que se encuentran la implementación de programas de formación electoral en las escuelas; la coordinación con organismos educativos nacionales y provinciales; la participación de universidades, organizaciones de la sociedad civil y medios de comunicación para difundir información confiable; y el trabajo conjunto con plataformas digitales para mejorar la calidad del debate público.
"Sería importante considerar herramientas digitales que acerquen la experiencia a los jóvenes", sugirió Eduardo Repilloza, director General de Transparencia Electoral
En esa línea, Salinas consideró que la formación ciudadana es uno de los aspectos centrales para revertir la tendencia. "La CNE debería, en conjunto con los juzgados electorales provinciales, reforzar este componente en las escuelas y en campañas publicitarias específicas orientadas a las nuevas generaciones", planteó.
Desde la organización Transparencia Electoral, su director General, Eduardo Repilloza, coincidió en que hacen falta nuevas estrategias para llegar a quienes hoy se encuentran más alejados. A su juicio, "sería importante considerar herramientas digitales que acerquen la experiencia a los jóvenes. El uso de simuladores de voto online es una buena herramienta, pero es importante innovar en la estrategia".
En ese sentido, destacó que "la gamificación es una técnica de aprendizaje y motivación que traslada las dinámicas de los juegos a entornos reales". Según explicó, "estas iniciativas son importantes cuando se trata de juventudes, ya que están expuestas a TikTok y otras redes sociales que suelen promover bulos (difundir noticias falsas o engañosas) justamente sobre las elecciones".
Repilloza también advirtió sobre el peso de la desinformación en el vínculo entre los jóvenes y las instituciones democráticas. "El impacto es relativamente alto. Hay muchos influencers y contenido online promovido desde regímenes no democráticos, de forma abierta o anónima, que busca profundizar la crisis de desconfianza en los procesos y las instituciones democráticas", sostuvo. Además, explicó que "en el caso de las elecciones, las campañas de desinformación se basan fundamentalmente en la tecnología utilizada por autoridades electorales y el escrutinio".
Consultado sobre las medidas necesarias para revertir esta situación, el representante de Transparencia Electoral señaló que "es importante llevar a cabo campañas de prebunking (una técnica que busca anticiparse a la desinformación), es decir, hacer una especie de fact-checking preventivo, basado en los mitos más comunes". También propuso innovar en las campañas de educación al elector y planteó abrir el debate sobre nuevas modalidades de sufragio.
“La implementación de tecnologías de voto remoto también es una estrategia relevante. Muchos organismos electorales implementan el voto por internet para facilitar el sufragio de poblaciones específicas, como votantes que residen en el exterior. ¿Por qué no el voto para jóvenes?”, planteó.
Repilloza también señaló que las organizaciones de la sociedad civil enfrentan limitaciones para impulsar iniciativas dirigidas específicamente a este sector. “El reto que tenemos para implementar iniciativas concretas nace de la falta de financiamiento, dado que en ocasiones nuestros recursos están atados a proyectos que no tratan específicamente el voto joven. Es un llamado también a organismos públicos y privados a apoyar ese tipo de iniciativas institucionales”, afirmó.
