Los datos surgen de un relevamiento de la Cruz Roja Argentina a nivel nacional y, en ese marco, el Gobierno porteño encabezó una mesa de trabajo para reforzar la estrategia contra la ludopatía infantil y las apuestas ilegales.
El encuentro se realizó en la Casa de Gobierno y estuvo encabezado por el jefe de Gabinete, Gabriel Sánchez Zinny, junto al presidente de Lotería de la Ciudad (LOTBA), Jesús Acevedo. Allí se trazó una hoja de ruta con foco en la prevención, la regulación y el desarrollo de herramientas de detección temprana en entornos digitales.
Desde LOTBA remarcaron que el objetivo es avanzar hacia un ecosistema de juego "regulado y seguro", con especial énfasis en la protección de menores. Acevedo sostuvo que la prioridad es prevenir el consumo problemático en jóvenes y reforzar los controles sobre las plataformas no autorizadas.
Por su parte, Sánchez Zinny señaló que la lucha contra el juego ilegal forma parte de la agenda de gestión y que, de cara a 2026, la estrategia no solo contempla dar de baja sitios clandestinos, sino también profundizar políticas de alfabetización digital y prevención temprana para intervenir antes de que el hábito derive en una patología.
En la mesa participaron además representantes del Órgano Garante del Derecho de Acceso a la Información (OGDAI), el Tribunal Electoral, el Ministerio Público Tutelar, la Casa de la Cultura de la Calle (CACUCA), UNICEF, fundaciones y empresas privadas del sector.
El plan proyectado para este año contempla reforzar la prevención digital y dotar a familias e instituciones educativas de herramientas para detectar y frenar el avance del juego online en edades tempranas.
El relevamiento del Observatorio Humanitario de la Cruz Roja Argentina, realizado sobre 11.421 encuestas en 231 escuelas secundarias de 16 provincias, reveló que seis de cada diez jóvenes tienen contacto directo o indirecto con el juego digital, con un inicio cada vez más temprano, entre los 13 y 14 años.
El estudio expone también una brecha de género. Los varones apuestan casi tres veces más que las mujeres (24% contra 8%) y muestran mayor frecuencia de juego habitual. La práctica se expande, en muchos casos, por recomendación de amigos o para no quedar fuera del grupo, mientras que cuatro de cada diez adolescentes reconocen tener adultos cercanos que también apuestan, lo que amplía la normalización social del fenómeno.
El celular propio aparece como la principal puerta de entrada: el 83% juega desde su teléfono y utiliza billeteras virtuales como medio de pago, lo que reduce los controles parentales.
Los efectos ya muestran señales de alarma, como ansiedad o malestar en el 69% de los encuestados. Casi la mitad también reconoció alteraciones en el sueño y en el rendimiento escolar, y un 12% quedó endeudado.