En ese sentido, destacó que la discusión remite a antecedentes históricos. En la década del ‘90, frente a los recortes, surgieron propuestas como la “contribución estudiantil” para afrontar gastos de funcionamiento, que en algunos casos derivaron en aranceles obligatorios. Sin embargo, gracias a la lucha y resistencia de la comunidad universitaria se sostuvo el ingreso irrestricto y la gratuidad, pilares del sistema.
No obstante, señaló que el contexto actual es mucho más grave. “Tenemos frente a un gobierno que en más de una oportunidad ha manifestado su interés en debilitar hasta destruir el sistema educativo público y gratuito”, aseguró Battaglino.
Por esta razón, destacó que se puede permitir que el presupuesto universitario esté sujeto a la “solidaridad” de individuos o empresas. “La verdadera solidaridad la demostró la sociedad que acompañó las masivas marchas federales educativas”, agregó.
Además, enfatizó que un contexto en el que se cierran PYMES, se pierden puestos de trabajo y aumenta el pluriempleo no se le puede pedir a “las empresas y egresados” que aporten. “Los países que más crecen son los que más invierten en Educación, Ciencia e Innovación Tecnológica. No podemos abandonar ni un segundo la lucha por el presupuesto universitario encontrando atajos individuales”, resaltó.
“La cooperación con el sector privado tiene que estar enmarcada en una planificación integral diseñada por la S.P.U, orientada al desarrollo soberano, que diseñe sobre qué sectores estratégicos potenciar con el conocimiento generado en las Universidades al servicio de un proyecto de país y no abrirle la puerta a las multinacionales que persiguen sus propios beneficios”, concluyó. CRÉDITO INFOMÁS.
