Instagram, Facebook y YouTube concentran la mayor parte de la atención política, especialmente entre jóvenes de 16 a 30 años, donde el 93% prefiere informarse por redes.
Argentina ocupa el quinto lugar en el mundo por tiempo dedicado a redes sociales, con un promedio de 11 horas y 15 minutos por semana. Actualmente, 35,4 millones de argentinos usan redes al menos una vez al mes, equivalentes al 77,8% de la población. Para 2029, se proyecta que esta cifra alcance el 82%, consolidando la digitalización como norma.
La creciente polarización: votantes libertarios concentran su consumo político en Instagram y Facebook, mientras quienes se identifican con el peronismo se inclinan por YouTube. Los medios también reflejan esta fragmentación: TN, Clarín y La Nación+ están asociados a miradas más próximas al oficialismo libertario, mientras C5N, El Destape y Página/12 representan distintas corrientes del peronismo.
Sin embargo hay un dato saliente de lo dañino de esta forma de informarse y hasta relacionarse que es la desinformación o noticas falsas.
La desinformación puede afectar a personas de varias maneras:
Desde cuentas de títeres hasta anuncios fraudulentos, las redes sociales pueden ayudar a difundir información errónea a miles, si no millones, de personas a la vez. Desafortunadamente, los algoritmos de las redes sociales hacen que cualquier interacción ayude a que el contenido llegue a más personas.
Reacciones de enojo en Facebook Los comentarios que señalan una publicación como falsa solo ayudan a quien la publica a llegar a más personas. Esto se debe a que el algoritmo solo entiende si algo es popular o no. No puede determinar si la información es falsa; por eso los usuarios deben reportar información falsa en lugar de interactuar con ella.