De fondo, aparecen señales de debilidad que atraviesan a buena parte del entramado productivo. El 38% de las empresas informó caídas en su producción, mientras que el 45,5% registró una baja en las ventas internas. A su vez, el 22,4% redujo su plantilla de trabajadores durante el período analizado.
La situación es especialmente delicada para las pequeñas y medianas empresas. Entre las firmas de menor tamaño, más de la mitad reportó una caída de ventas y el 43,9% aseguró haber producido menos que en el trimestre anterior.
El problema ya no son los costos: es no vender
La preocupación principal del tejido empresarial continúa siendo la caída de la demanda interna (49,7%), muy por encima del aumento de costos (21,3%). Dentro de ese deterioro del mercado interno, las empresas apuntan principalmente a la menor demanda de otras industrias, seguida por la retracción del consumo de los hogares y el freno de la obra pública.
En paralelo, comienza a crecer la inquietud por la competencia de bienes importados. El 15,6% de las empresas la ubicó como su principal preocupación, cuando un año atrás ni siquiera figuraba entre los problemas más relevantes para el sector.
La combinación de menor demanda y apertura comercial empieza a reflejarse en las expectativas empresariales. Más de siete de cada diez firmas consideran que la situación de su sector es peor que hace un año, mientras que casi dos tercios creen que la economía argentina también empeoró respecto de 2025.
Las empresas no llegan a fin de mes
La pérdida de dinamismo de la actividad también impacta en las finanzas de las compañías. El 44,9% reconoció haber tenido dificultades para afrontar íntegramente alguno de sus pagos, ya sean impuestos, proveedores, servicios, compromisos financieros o salarios. Incluso, un 6,1% aseguró haber registrado atrasos en todos esos conceptos al mismo tiempo, uno de los niveles más elevados de los últimos años.
Las mayores dificultades se concentraron en el pago de impuestos y proveedores, mientras que las principales consecuencias fueron el aumento del endeudamiento, la necesidad de financiamiento de corto plazo y el incremento de los costos financieros.
En ese contexto, la recuperación que proyectaban las empresas para 2026 comenzó a moderarse. Menos de la mitad espera una mejora de su situación durante el próximo año, una proporción inferior a la registrada en relevamientos anteriores.
Los resultados de la encuesta reflejan una paradoja que atraviesa a buena parte de la economía argentina: mientras algunos indicadores macroeconómicos muestran señales de estabilización, gran parte de las industrias sigue enfrentando un problema más básico y urgente. No es producir más. Es encontrar quién compre lo que producen.