La próxima protesta será en el marco del plan de lucha que la CGT comenzó a desplegar el pasado 22 de julio a través de distintas movilizaciones, entre ellas el acompañamiento a los jubilados frente al Congreso cada miércoles, una concentración contra el proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada y la marcha de San Cayetano del pasado viernes, que recorrió el trayecto entre Liniers y Plaza de Mayo.
En esta oportunidad, la CGT buscará visibilizar la situación de unas 5,3 millones de personas con dificultades para afrontar sus deudas, muchas de ellas contraídas para cubrir gastos cotidianos. Según el último Monitoreo de Opinión Pública de Management & Fit, más del 50% de las familias argentinas atraviesa dificultades vinculadas con sus ingresos, mientras que más de la mitad de esos casos afirma que no llega a fin de mes, y el 71,9% de esos hogares debe recurrir a algún tipo de endeudamiento.
Mientras prepara la movilización que podría llevarse a cabo el miércoles o jueves de la semana próxima, la conducción cegetista volverá a analizar si existen condiciones para convocar a una nueva medida de fuerza contra el Gobierno. El 7 de julio, cuando definió su actual estrategia, la central había considerado que no estaban dadas las garantías para asegurar un alto nivel de adhesión a una huelga nacional, por lo que optó por priorizar las protestas callejeras y descartó los paros sectoriales y rotativos impulsados por los gremios del transporte.
Las primeras acciones tuvieron distintos niveles de participación sindical: la marcha del 22 de julio frente al Congreso contó con una presencia limitada de la CGT, mientras que la protesta contra el proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada tuvo una participación testimonial luego de que el Gobierno desistiera del apartado referido a la venta de tierras a extranjeros. En cambio, la movilización de San Cayetano tuvo una mayor participación y contó con los principales dirigentes de la central.

No obstante, dentro de la CGT todavía existen reparos sobre el nivel de acatamiento que podría alcanzar un paro general, por lo que la conducción pretende avanzar únicamente si percibe un mayor malestar social y condiciones para sostener una convocatoria amplia. El cotitular de la central, Cristian Jerónimo, remarcó que el plan de lucha continuará, aunque señaló que la prioridad sigue siendo el diálogo: “Decir que vamos a una huelga es angustiante para los propios trabajadores porque, encima que estamos mal, lo único que genera es que pierdan su día de trabajo y salario”.
La cautela también se refleja en la estrategia de los sindicatos docentes de la CGT, que durante agosto llevarán adelante acciones por reclamos salariales sin realizar paros de actividades. El plan contempla clases para explicar la situación del sistema educativo, “semaforazos”, volanteadas y una movilización frente a la Secretaría de Educación durante la última semana del mes.
La CGT armó un plan de lucha para los próximos meses: cómo es el cronograma
La movilización frente al Ministerio de Economía no será la última acción prevista por la CGT, que también proyecta una concentración cuando se reúna el Consejo del Salario Mínimo, aunque ese encuentro todavía no tiene fecha definida, además de su participación en la Semana Social de la Iglesia y una movilización prevista para el 2 de septiembre por el Día de la Industria.
En tanto, para noviembre la central contempla acciones vinculadas con la visita del papa León XIV a la Argentina, entre ellas la convocatoria a participar de la misa prevista en Luján y la intención de mantener una audiencia privada con el pontífice. Mientras avanza ese calendario, la conducción cegetista deberá resolver si las movilizaciones alcanzan para sostener su plan de lucha o si finalmente existen condiciones para avanzar con un nuevo paro general.
