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LAS PASO, SEGÚN ESPECIALISTAS: ¿INVERSIÓN DEMOCRÁTICA O GASTO EXCESIVO PARA EL ESTADO?
11/05/2026

El envío al Congreso de un proyecto de reforma electoral volvió a instalar en el centro de la agenda política el debate sobre el funcionamiento del sistema electoral argentino, con especial foco en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), su costo y su impacto en la competencia interna de los partidos. La discusión, sin embargo, excede la dimensión presupuestaria y abre interrogantes más profundos sobre el diseño institucional, la representación política y los incentivos que estructuran la competencia electoral. ...LEER MÁS ....

En este punto, la evaluación sobre el sistema no es unívoca. Mientras algunos análisis ponen el acento en la eficiencia y el gasto público que implican las primarias, otros advierten que cualquier diagnóstico debe considerar también los objetivos que se propuso originalmente el sistema y los resultados concretos que efectivamente produjo.


La politóloga Ariadna Gallo ofrece una mirada crítica sobre los supuestos que estructuraron la defensa original del sistema. En su lectura, la implementación de las PASO se vinculó con una promesa de democratización de la vida interna de los partidos, aunque ese objetivo no siempre se cumplió: “En este caso, el principal argumento que se adujo fue la combinación entre un gasto excesivo y la ausencia de una utilización efectiva de las PASO para dirimir la competencia interna y resolver liderazgos en disputa. Frente a esto, suele responderse que la democracia no puede monetizarse, por lo cual no se trataría de un costo sino de una inversión”.


En contraste, el director de Transparencia Electoral, Leandro Querido, pone el foco en el impacto fiscal del sistema y en su peso dentro del esquema general de elecciones. Según su análisis, el costo de las primarias no es marginal dentro del presupuesto electoral. “Las primarias representan un costo elevado, porque implican la organización de un proceso electoral a nivel nacional. En una elección presidencial pueden representar entre el 30% y el 40% del costo total del proceso electoral. Por lo tanto, ahorrar ese porcentaje no es un tema menor”, afirma a El Auditor.info. En ese marco, advierte que, si además se considera el incumplimiento de los objetivos originales del sistema, el costo no es solo presupuestario, sino también institucional.


El debate incorpora una dimensión más amplia vinculada a la calidad de la competencia interna de los partidos y al supuesto efecto democratizador de las primarias. Gallo introduce una distinción conceptual que tensiona la idea de competencia como sinónimo de apertura política: “En primer lugar, la competencia no es, en sí misma, un indicador de democratización partidaria. Muchas veces se deja de lado la competitividad y la integración, que son dimensiones centrales para evaluar el funcionamiento del sistema”.


"En una elección presidencial, las PASO pueden representar entre el 30% y el 40% del costo total del proceso electoral", señala Leandro Querido, titular de Transparencia Electoral


La politóloga advierte que la propia estructura de incentivos del diseño electoral desalienta la competencia interna. “Para muchos actores, resulta mucho menos rentable presentarse, competir y perder que optar por otras estrategias, como negociar un lugar en una lista o competir por fuera”, asegura. Como resultado, en gran medida predominan las listas únicas con una sola candidatura en la mayoría de los casos.


"La competencia no es, en sí misma, un indicador de democratización partidaria", destaca la politóloga Ariadna Gallo


Incluso, en su evaluación, las PASO no siempre fortalecieron a los partidos tradicionales, sino que derivaron en la conformación de nuevas estructuras diseñadas específicamente para competir en ese esquema. “No estamos hablando de las mismas estructuras partidarias poco democráticas que se democratizaron, sino de nuevas estructuras creadas específicamente para competir en las primarias y, eventualmente, en la elección general”, revela.


También suma una de las críticas más estructurales al diseño argentino, al señalar su carácter excepcional en el contexto internacional. “Somos el único país del mundo que tiene primarias abiertas presidenciales con una doble obligatoriedad: para las agrupaciones que compiten y para los ciudadanos, que incluye una instancia obligatoria que no es definitoria, lo que las vuelve en muchos casos disfuncionales”.


Desde otra perspectiva, Querido también reconoce que la baja competencia fue un rasgo recurrente del sistema. En su diagnóstico, los partidos tendieron a evitar la disputa hacia adentro. “En general, presentaban listas únicas en categorías clave, como la presidencial, donde no había competencia”, señala.


Incluso en los distritos más relevantes del país, el fenómeno se repite: “Sobre el desempeño de las PASO en la Ciudad de Buenos Aires y en la provincia, que representan más del 50% del padrón nacional, se observa que un porcentaje cercano al 80% de las alianzas, frentes o partidos optaba por no presentar más de una lista”, refuerza con datos.


¿Cómo influyó esto? “Contribuyó a esa sensación de frustración y a un alto costo en múltiples dimensiones: desde la movilización de recursos humanos, autoridades de mesa y personal electoral, hasta el presupuesto y la participación ciudadana, que implicaba concurrir a votar un domingo sin opciones competitivas reales”, analiza Querido.


El debate también se traslada al diseño de incentivos y a las posibles reformas. El titular de Transparencia Electoral plantea la necesidad de repensar la estructura de premios y castigos dentro del sistema electoral. “Se podrían generar incentivos para la competencia o, en sentido inverso, establecer costos para aquellos casos en los que las agrupaciones, frentes o alianzas no presenten más de una lista. Por ejemplo, que no reciban la misma cantidad de fondos públicos para el sostenimiento partidario o la campaña que aquellos espacios que sí se abren a la participación y a la competencia interna”, propone.


Como alternativa, incluso plantea modificar el carácter obligatorio del sistema. “Una opción posible sería quitarles esa condición a las PASO y avanzar hacia un esquema de voto facultativo: el ciudadano participa si lo desea y, si no, no tiene que concurrir. Esto podría resultar una decisión más alineada con criterios de racionalidad y sentido común”.


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